Preservar el continente blanco de residuos y contaminación, otras de las metas de la Campaña Antártica

La preservación del continente blanco de residuos y el cuidado del ecosistema es una de las misiones que cumplen los integrantes de las dotaciones que llevan adelante la Campaña Antártica, a cargo del Ministerio de Defensa, dirigido por Julio Martínez.


Preservar el continente blanco de residuos y contaminación, otras de las metas de la Campaña Antártica
Preservar el continente blanco de residuos y contaminación, otras de las metas de la Campaña Antártica

Es que la presencia del hombre en el continente más puro de la tierra debe ser controlada meticulosamente, ya que de lo contrario podría significar la intervención negativa del ecosistema.

Por tal motivo, las dotaciones que actualmente participan de la Campaña Antártica de Verano 2016-2017 deben seguir una serie de pautas relacionadas el correcto tratamiento de los residuos generados, que implica un exhaustivo trabajo y control sobre la clasificación, reducción de volumen y posterior tratamiento.

El primer paso consiste en la clasificación de los residuos en cinco grupos nomenclados por colores: el negro, que consiste en residuos sólidos biodegradables (restos de alimentos, papeles, maderas y trapos limpios); el amarillo, que abarca a los residuos no biodegradables (plástico, polietileno, caucho, cables ferrosos, fibras sintéticas, cenizas de la incineración de residuos del grupo 1, víveres vencidos y envases metalizados); el rojo, que son los residuos peligrosos líquidos, sólidos y gaseosos y cualquier elemento que esté impregnado con esos residuos; el verde, que contempla los residuos sólidos inertes (vidrios, latas, chapas, restos de estructuras metálicas, tambores limpios, alambres, restos de concreto u hormigón, ladrillos, sunchos de embalajes) y por último, los residuos cloacales.

La tarea es colocar los recipientes contenedores de cada grupo de basura identificados con carteles y su color determinado y entrenar al personal sobre la importancia de la separación de residuos.

En los buques, por ejemplo, los efectivos están instruidos para desechar sus residuos en los contenedores correspondientes y, una vez llenos, se vuelcan en los del exterior, aunque una parte pasa primero por una compactadora eléctrica que funciona con una prensa hidráulica.

En las bases antárticas, en tanto, el procedimiento es el mismo, más aún en las más habitadas, como la Orcadas, donde el volumen de residuos en mucho mayor y es necesario que haya un gran compromiso colectivo para llevar a cabo esta labor.

Para poder realizar el trabajo necesario, se organiza una guardia semanal de dos personas de la dotación que se ocupan de la clasificación por tacho de toda la basura generada y de llevarla hacia un galpón, donde vuelve a clasificarse.

Luego, se inicia la etapa de quema o de compactación, para lo que se cuenta con dos compactadoras: una grande vertical, con capacidad para 200 litros, y una horizontal que compacta plástico y metales.

Además, hay un horno pirolítico donde se queman los residuos orgánicos, que tiene filtros que son los que depuran el humo de la combustión de modo que no contaminan el medio ambiente.

Toda la basura reducida se pone en tachos de 200 litros y se identifica con las iniciales de la clasificación, para luego ser trasladada al continente.

Cuando termina la campaña, se repliega el material y se informa la cantidad de metros y de peso de cada uno de los grupos, ya que con ese dato se hace la licitación de la empresa que se va a ocupar de su procesamiento.

Mes a mes, las dotaciones que están en la Antártida deben informar la cantidad de producción de residuos, ya que a mitad de año se hace la proyección para planificar el repliegue del material y trimestralmente se hace un informe medioambiental donde se registra todo aquello que podría estar atentando el medio para tomar medidas sobre eso.

Finalmente, se elabora un informe anual donde se hace la autoinspección de las bases con una guía mediante la que se examina minuciosamente la planificación anual para corregir cualquier posible alteración.

El último paso es el repliegue de residuos en buques con destino al continente, donde se entrega a las empresas contratadas para su tratamiento final.